El trabajo del doliente a la hora de enfrentar una
pérdida, es darle sentido a la misma. Por un lado, hacer un ejercicio de
rendición y darnos cuenta de que no tenemos control sobre la muerte, esto
implica, por supuesto, aceptar humildemente que por orden natural todo lo
existente tiene un tiempo de caducidad y es perfectamente correcto; y por otro,
percatarnos de lo que la pérdida ha significado para nosotros y comprender que
absolutamente todo lo que sentimos está bien, es un proceso de duelo que nos
permite recuperarnos de esa parte de nosotros que murió junto con aquello que
se fue, así se trate de un ser amado, una etapa de nuestra vida, una relación
de pareja, un trabajo o la sensación de seguridad, estamos en contacto con la
muerte a cada momento de nuestras vidas y es necesario aprender a lidiar con
todo el miedo, la negación y la soberbia que nos hacen aferrarnos a aquello que
ha cumplido su propósito y ahora debe marcharse.
La pérdida debe ser hablada y sentida, a los dolientes
se les debe dar la oportunidad de reflexionar en voz alta, de llorar su pena,
de sentir la ausencia y de experimentar el dolor con toda entrega; es lo
saludable y lo correcto pasar por un duelo y entre menos se escape de su sentir
le resultará más fácil y rápida la recuperación: un duelo saludable requiere tiempo
y paciencia, además de comprensión y amor. No es de ayuda cargar al doliente
con el peso de aparentar estar bien, sin importar cuanta preocupación suscite
en aquellos que presencian su agonía, se debe permitir al otro y a uno mismo
vivir la experiencia de la pérdida con toda franqueza y apertura emocional.
Finalmente, por chocante que resulte escucharlo,
especialmente cuando uno se encuentra en éste proceso, la muerte es renovación
y siempre trae de su mano nacimiento y la maravillosa oportunidad de crecer y
auto explóranos; nos permite tomar conciencia de nuestra propia finitud, todos
tenemos un tiempo y cada día que se va es un día menos para vivir, amar,
experimentar, gozar, aprender, cumplir nuestros sueños. No esperemos con miedo
la muerte, sino con conciencia. Convirtamos el dolor en resignación, después en
amor y tomemos la lección que nos deja: detrás de todo duelo existe el tesoro
del cambio y la transformación. Por aquellos que se han ido, vivamos con
gratitud y amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario